Tradición indígena en versión contemporánea

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En la península de Nueva Escocia, situada en la costa atlántica canadiense, un profesor universitario se reunió en varias ocasiones con los ancianos de la comunidad indígena Mi’kmaq. No es antropólogo ni sociólogo. Richard Kroeker es arquitecto y trabaja en la Dalhousie University (Halifax, Nueva Escocia), donde durante muchos años investigó la cultura material de los nativos. Su estudio, Piswepak Design, fue el elegido por la Pictou Landing First Nation para construir un centro de salud.

Durante el proceso de diseño, Kroeker mantuvo sesiones de consulta con el Jefe y el Concejo indígenas para definir objetivos y mecanismos de participación comunitaria. El edificio debía reflejar las costumbres de los nativos, construirse con materiales y técnicas locales y utilizar fuentes de energía sustentables. Nada ajeno a la carrera del profesor Kroeker, que se dedica a desarrollar técnicas constructivas en base a métodos ancestrales.

Para el diseño del Pictou Landing Health Centre, Kroeker se inspiró en las canoas de madera de abedul y en las cabañas de troncos de la región. El edificio es un volumen alargado y ojival que describe una suerte de curva. El perímetro del lado convexo da a la zona urbana, mientras que la cara interior abraza al jardín de la comunidad, donde se cultivan hierbas medicinales, protegiéndolo del viento. Debido a las particularidades del terreno, el nivel inferior aparece enterrado desde la cara cóncava, desde donde se ingresa al nivel superior. Ambos niveles se conectan visualmente gracias a la sala de espera del nivel inferior, de doble altura.

Aventanamientos verticales de gran porte en ambos extremos del volumen y una serie de ventanas caladas en la cubierta de madera hacen que la luz natural penetre en todos los ambientes. Por la noche, el centro se transforma en un faro, iluminado en medio del paisaje desértico.

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Participación comunitaria

El arquitecto Kroeker y un grupo de alumnos y colaboradores de la universidad (entre ellos, Brian Lilley y Peter Henry) estudiaron durante meses el uso histórico de la madera en la cultura Mi’kmaq para construir casas y viviendas alargadas.

Como en las cabañas de estos indígenas, la estructura del centro de salud fue realizada con troncos muy delgados de madera de pícea (una conífera que se utiliza para fabricar violines y guitarras) de entre 15 y 20 centímetros de diámetro, doblados como costillas.

El principal problema fue cómo ensamblar las puntas redondeadas de los troncos. Finalmente, las uniones se hicieron con una banda de acero inoxidable que se usa habitualmente en otras aplicaciones, como conectar las señales de tránsito a los postes de luz de las calles. “Fue una gran lección para todos —cuenta Kroker— ya que fue un visitante ocasional quien sugirió utilizar sujeciones metálicas en lugar de tensores. Eso prueba que es importante tener la cabeza abierta. Una gran idea puede provenir de alguien que simplemente pasaba por ahí…”.

Las primeras varas de madera de la estructura fueron fabricadas por miembros de la comunidad indígena, que utilizaron árboles tomados de los bosques próximos. Y se trabajó a partir de prototipos. Primero se entrenó a los trabajadores locales en la construcción de una estructura cortada en el aserradero. Después, el aserradero produjo los revestimientos de madera que se usaron en el proyecto para el interior y el exterior. El análisis estructural fue confirmado aplicando a las varas tests de carga a escala real.

El enlucido de algunas de las paredes interiores se realizó con tierra de la zona y en el proceso de su fabricación colaboraron alumnos de la escuela de la comunidad. Este revestimiento no sólo es un registro de la participación de los más jóvenes de la población, sino que además su composición ayuda a estabilizar los niveles de humedad en el interior.

La forma del edificio colabora a recuperar el aire de retorno y las ventanas a ambos lados proveen ventilación cruzada que ayuda a la refrigeración.

Así como su sistema constructivo combina lo mejor de las técnicas tradicionales y las contemporáneas, en el centro de salud hay consultorios médicos convencionales y una sala donde atiende un sanador indígena. Además, el centro funciona como punto de encuentro de la comunidad, tiene un gran salón para reuniones y en las vitrinas de la recepción se exhiben artesanías Mi’kmaq.

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Fuente: Suplemento Arquitectura de Clarín
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